Esta raza de origen tibetano es una de las que consideramos “perro faldero” desde sus inicios. Es decir, nunca cumplió otra función que la de ser de compañía y orientada a una vida de interior y a los que se les dedicaba un cuidado más sofisticado que a otros perros que ejercían una labor enfocada en el trabajo.

Vivieron su época dorada durante la dinastía Ming en China (desde el 1368 al 1644 de la era común), donde eran la compañía favorita de la realeza como así lo revelan los tapices que conservamos realizados por los artistas de la corte y que mostraban a los emperadores y su familia con perros como el shih tzu.

Aunque asociamos al shih tzu con China, y no sin razón, ya que fueron quienes desarrollaron la raza moderna, sabemos con certeza por los estudios genómicos caninos que el predecesor de esta raza proviene de la que fue una nación soberana hasta 1950. Los Dalai Lama enviaban a estos perros como obsequios para la realeza china, quienes los cruzaron con pekineses y carlinos creando la raza moderna.

Durante la Revolución china de 1949 la raza shih tzu casi desapareció, aunque las razones no están claras. Una hipótesis apunta a que los seguidores de Mao Tse Tsung mataron a casi todos los shih tzu por representar un símbolo de la riqueza y la diferencia social. Otra hipótesis asocia su radical declive a la muerte de los miembros de las familias reales, quienes eran, a fin de cuentas, los que se dedicaban a la cría de esta raza que no estaba al alcance de cualquiera. Sea como sea, solo sobrevivieron catorce shih tzu que habían sido importados a Inglaterra y a Escandinavia entre 1928 y 1952, siete machos y siete hembras, que se usaron para reconstruir la raza y de los que hoy en día aún se puede rastrear el vínculo con cada pedigrí de los shit tzu modernos.

Requieren mucha dedicación al cuidado de su larga melena
Aunque su pelo, increíblemente largo y que nunca deja de crecer, y su tamaño, hacen pensar que son una raza idónea para convivir en brazos o para personas sedentarias, lo cierto es que el shih tzu es una raza enérgica y vigorosa, con varios ejemplares en su haber que han ganado primeros títulos de campeonato en agility para razas pequeñas.

Son perros muy cariñosos con su núcleo familiar y compatibles con niños pequeños y también en la convivencia con otros animales, pero se muestran reservados y altivos con los extraños. Su capa, doble y muy larga, necesita cuidados diarios mediante cepillados, así como es recomendable recogerles o recortarles el pelo del flequillo para favorecer que tengan una buena visión y no desarrollen problemas de salud.

El shih tzu tiene una particularidad que le ha dado el nombre de “cara de crisantemo” debido a la forma en la que le crece el pelo facial desde la base de la trufa o nariz.

Al tratarse de una raza que pasó por ese mencionado “cuello de botella” con poquísimos ejemplares supervivientes para volver a recuperarla, y que hablamos de un perro braquicéfalo, con todos los problemas que eso conlleva, hay que advertir de que es una raza con una larga lista de enfermedades genéticas asociadas como son la meningoencefalitis, trastornos cardíacos o el desprendimiento de retina. Recordamos que adquirir perros mediante fuentes poco fiables y fuera del circuito legal de criadores registrados y que cumplan la legislación, dispara la probabilidad de que nos encontremos con un animal que desarrolle cualquiera de estas enfermedades. Por ello, recomendamos contactar con la Real Sociedad Canina de España u otra organización canina como el Kennel Club de España para ampliar información o localizar criadores que proporcionen garantías de salud y una cría bajo parámetros de bienestar animal.

Sugerimos que se valore la adopción responsable. Grupos de difusión en redes sociales como SOS Shih Tzu España pueden ayudarnos a dar una segunda y confiamos, definitiva oportunidad, a algún shih tzu o sus cruces que buscan un hogar.

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